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Poder de corte de un magnetotérmico: qué significan 6.000 y 10.000

El número dentro del rectángulo de tu automático no es amperios de trabajo. Te explicamos qué es el poder de corte, por qué 6 kA o 10 kA y cuál toca en cada caso.

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Si te fijas en el frontal de cualquier magnetotérmico de tu cuadro, verás dos números y no significan lo mismo. Uno va junto a una letra, tipo C16, y ese sí es el que casi todo el mundo conoce: la curva y los amperios que aguanta en funcionamiento normal. El otro está metido dentro de un pequeño rectángulo, normalmente debajo, y pone 6000 o 10000.

Ese segundo número es el poder de corte. Es probablemente el dato peor entendido del cuadro eléctrico y, sin embargo, es el que decide si el automático te protege de verdad el día que hay un cortocircuito serio o si se convierte él mismo en el problema.

Qué es el poder de corte y por qué se mide en miles de amperios

Cuando se produce un cortocircuito —fase y neutro tocándose directamente, sin resistencia de por medio— la corriente que circula durante esa fracción de segundo no tiene nada que ver con el consumo habitual de la casa. No hablamos de los 16 amperios de un circuito de enchufes: hablamos de miles de amperios.

Esa corriente la limita únicamente la impedancia del recorrido: el transformador del barrio, la acometida, la derivación individual y los cables hasta el punto donde se ha producido el fallo. Cuanto más cerca estés del transformador y más gruesa sea la línea, mayor es la corriente que puede llegar a circular. Es lo que se llama corriente de cortocircuito prevista o presunta.

El poder de corte es la corriente máxima que ese automático es capaz de cortar sin destruirse. Un magnetotérmico de 6.000 amperios de poder de corte garantiza que interrumpe con seguridad un cortocircuito de hasta 6.000 A. Si en ese punto de la instalación la corriente de fallo real fuera superior, el aparato puede no lograr extinguir el arco eléctrico interno: se queda soldado, se abre la carcasa o directamente arde.

Por eso se expresa en kA (kiloamperios). 6000 son 6 kA. 10000 son 10 kA. Y por eso el número está en un rectángulo aparte: es una característica de seguridad, no de uso diario.

Conviene tener claro que estos dos números protegen frente a cosas distintas. Los 16 amperios de un C16 actúan ante consumo excesivo sostenido; el poder de corte entra en juego solo en el fallo violento. La diferencia entre ambos fenómenos la desarrollamos en cortocircuito y sobrecarga: por qué salta el automático.

6 kA o 10 kA: cuándo se usa cada uno

La norma de referencia para vivienda es la UNE-EN 60898, que es la que aplica a los automáticos de uso doméstico. En instalaciones industriales o en cabecera de instalaciones grandes se usa la UNE-EN 60947-2, con aparatos de mayor prestación.

En la práctica española, el reparto habitual es este:

6 kA es lo estándar en el interior de una vivienda. Los circuitos de una casa están relativamente lejos eléctricamente del transformador, con derivación individual de sección moderada y varios metros de cable de por medio. Todo eso limita la corriente de fallo y hace que 6 kA sea suficiente en la práctica totalidad de los casos.

10 kA aparece cuando la instalación está eléctricamente más cerca del origen: cabeceras de cuadro, locales comerciales con potencias importantes, edificios con centro de transformación propio o en la misma finca, industria, y cuadros generales de servicios comunes. También en pisos de edificios muy próximos al transformador de calle cuando el cálculo lo justifica.

Hay una regla que casi nadie aplica bien: la protección que va aguas arriba debe tener poder de corte igual o mayor que las de aguas abajo. No tiene sentido montar un general de 6 kA y colgar de él derivados de 10 kA. La cabecera es justamente donde la corriente de fallo es más alta.

Existe además una figura que confunde bastante, la protección de respaldo o filiación: un automático de menor poder de corte puede admitirse aguas abajo si el aparato que lo precede es capaz de ayudarle a cortar el fallo. Pero eso no es algo que se improvise mirando el cuadro; solo es válido con combinaciones concretas de fabricante ensayadas y tabuladas. Si no tienes esa tabla delante, no es filiación: es una suposición.

Cómo saber qué tienes montado ahora mismo

No necesitas herramientas ni desmontar nada para hacer una primera comprobación. Abre la tapa del cuadro y mira el frontal de los automáticos. Vas a encontrarte con uno de estos escenarios:

  • Todos ponen 6000 y la instalación es una vivienda normal. Correcto en la práctica totalidad de los casos.
  • Mezcla de 6000 y 10000 sin criterio aparente. No es necesariamente peligroso, pero suele delatar que el cuadro se ha ido ampliando por tramos, con material de distintas épocas y sin recalcular nada. Merece una revisión del conjunto.
  • El general pone 6000 y algún derivado 10000. Coordinación al revés. La cabecera debería ser el elemento más robusto.
  • No pone nada, o el aparato no lleva marcado ni curva ni poder de corte. Aquí sí hay que actuar. Los automáticos sin marcado normalizado son material antiguo o no conforme, y no hay forma de saber qué son capaces de cortar.

Este último caso es frecuente en cuadros de los años ochenta y noventa que nunca se han tocado, muchas veces conviviendo con fusibles de porcelana o con un diferencial que ya no dispara. Cuando aparece esa combinación, el problema rara vez es un solo elemento: lo desarrollamos en sustituir un cuadro eléctrico antiguo.

Si además quieres entender cómo se documenta todo esto sobre plano —donde el poder de corte aparece indicado junto a cada protección—, te ayudará cómo leer un esquema unifilar.

El error de comprar automáticos por precio y amperios

En una tienda online puedes encontrar dos automáticos que a simple vista son idénticos: mismos amperios, misma curva, mismo aspecto. Uno cuesta bastante menos que el otro. La diferencia casi siempre está en dos sitios: el poder de corte y la calidad de la cámara de extinción del arco.

Cortar 6.000 amperios en milisegundos no es trivial. Dentro del aparato hay una cámara diseñada para fragmentar y enfriar el arco eléctrico hasta apagarlo. Esa cámara es lo que encarece un automático y lo que hace que, ante un fallo grave, el aparato haga su trabajo en lugar de convertirse en una fuente de fuego dentro de un armario lleno de cables.

Cuando un instalador elige material, no está eligiendo marca por costumbre: está eligiendo un aparato con ensayos y con una tabla de coordinación detrás. Un magnetotérmico solo tiene que funcionar bien una vez en toda su vida, pero ese día tiene que funcionar sí o sí.

Y hay un detalle importante: tras cortar un cortocircuito real, un automático no queda como estaba. Ha soportado un esfuerzo térmico y electrodinámico severo. Si tu cuadro ha cortado un fallo fuerte —típicamente un cable pinzado al taladrar una pared, un aparato que ha reventado o agua que ha entrado en una caja—, lo sensato es revisar y sustituir el elemento que ha actuado, no simplemente rearmarlo y seguir.

Dónde encaja esto en el resto del cuadro

El poder de corte es una de las tres características que definen un magnetotérmico, y las tres se eligen a la vez:

  1. Intensidad nominal (10, 16, 20, 25 A…): qué consumo continuado admite el circuito, ligado a la sección del cable.
  2. Curva (B, C, D): cómo tolera los picos de arranque de los aparatos conectados. Es la que evita disparos molestos con motores, y la explicamos en magnetotérmicos curva B, C o D.
  3. Poder de corte (6, 10 kA…): qué fallo grave es capaz de interrumpir sin destruirse.

Las tres tienen que ser coherentes entre sí y con el resto de la instalación. El marco normativo que ordena todo esto es la ITC-BT-22, que trata precisamente la protección contra sobreintensidades y la coordinación entre protecciones; lo repasamos en ITC-BT-22: magnetotérmicos, fusibles y coordinación.

Lo habitual es que en una vivienda con cuadro moderno esto ya esté bien resuelto. Los casos que dan problemas son los cuadros crecidos a parches, los locales que cambian de actividad sin recalcular la instalación y las viviendas que suben potencia manteniendo protecciones antiguas.

Si al abrir el tuyo te encuentras automáticos sin marcado, mezcla de material de distintas épocas o simplemente no sabes qué estás mirando, en electrico24 revisamos el conjunto —protecciones, coordinación y estado del cableado— y te decimos qué está bien y qué conviene tocar. Si lo que tienes es un cuadro que ha empezado a disparar sin motivo claro, el punto de partida es la reparación de la avería, porque un disparo repetido casi siempre está señalando algo concreto.

¿Es peligroso tener automáticos de 6 kA en un piso?

No, es lo normal y lo adecuado en la práctica totalidad de las viviendas. La corriente de cortocircuito que puede llegar al interior de un piso está limitada por la derivación individual y por la distancia hasta el transformador, y queda holgadamente por debajo de esos 6.000 amperios. Los 10 kA se reservan para cabeceras, locales de cierta potencia y edificios con transformación propia o muy próxima.

¿Puedo sustituir un automático de 10 kA por uno de 6 kA si es más fácil de encontrar?

No conviene. Si en ese punto se montó un 10 kA es porque el cálculo de la instalación lo pedía, o porque forma parte de una coordinación concreta con las protecciones de aguas arriba. Bajar el poder de corte deja el aparato por debajo de lo que la instalación puede llegar a exigirle. Al revés —poner uno de mayor poder de corte del necesario— sí es admisible, siempre que la intensidad nominal y la curva sean las mismas.

¿El diferencial también tiene poder de corte?

Los interruptores diferenciales puros no están diseñados para cortar cortocircuitos: llevan un valor de resistencia a cortocircuito condicional, que indica hasta qué corriente aguantan siempre que estén protegidos por un magnetotérmico o fusible adecuado aguas arriba. Por eso un diferencial nunca se instala solo: siempre va asociado a una protección contra sobreintensidades que le cubra las espaldas.

¿Cómo se sabe qué corriente de cortocircuito hay en mi instalación?

Se calcula a partir de la potencia y la impedancia del transformador que alimenta la zona y de las secciones y longitudes de todo el recorrido hasta el punto que se estudia, o se mide en obra con un comprobador de instalaciones específico. No es un dato que se pueda estimar a ojo mirando el cuadro, y por eso en instalaciones de cierta entidad figura en la memoria del proyecto junto al poder de corte exigido a cada protección.


Publicado por

Equipo electrico24